Este ensayo es un poco autobiográfico, porque lo escribo basado desde mi propia experiencia, cuando comencé accidentalmente a practicar esta religión, en el año 1994, en la Habana, Cuba, lo hice de modo muy espiritual, decidí ir en busca de lo que era desconocido totalmente para mi físicamente, pero sabia en mi interior que necesitaba algo, era un fetiche que después descubrí, era Èsù. Hoy razono que fue un llamado espiritual sin duda alguna, el cual resulto ser tan diáfano y positivo, que, en los próximos seis meses de ese día en 1994, estaba en el cuatro paredes, iniciándome en Sàngó y en Ifá (Itefá), haciendo Ìbà(reverencia) a los Orisa.
Sin saber en realidad en que estaba entrando, ni idea, me deje llevar por mi espiritualidad, no era más que el comienzo de un largo y áspero camino. Ya dentro de mi nueva etapa repleta de grietas, de estructuras deficientes, de conceptos erróneos y de falsos eruditos, con un Iwa(carácter) catastrófico, Awo(practicantes) mal educados, creídos, tontos ególatras, con una fútil idiosincrasia donde la vulgaridad era parte inherente para pretender ser un buen Awo, cuando es todo lo contrario, todos llenos de preguntas sin respuestas, con una liturgia gris, nada tenía un fundamento sólido con el debido respaldo. Personalmente esto a mí no me dio ninguna confianza y por supuesto, como Sango rebelde, espiritualmente sólido, me rehúse a aceptarlo por lo que no pude procrastinar lo que sentí que debía hacer para llegar a mi meta; ser un Babaláwo.
Solución: cambio copernicano, radical, cuanto gané, cuanto perdí
Desde entonces, estaba en alerta en mi constante búsqueda y como es de mi costumbre atender a mis llamados internos, se proclamaba un atisbo de lo que vendría, tiempo atrás fue la búsqueda de Èsù, pues ahora era a las respuestas de los sin números de sin sentidos en la liturgia afrocubana; lo que yo sabía que necesitaba que no había visto en esos 7 años anteriores dentro de esta religión, simplemente era, en este momento la información correcta y, como ángel divino, un amigo Awo, me dio en mis manos mi primer libro con textos tradicionales y acompañado de una llamada a quien se convirtió en mi gran querido y amado mentor, todo esto sucedió de forma orgánica y sin duda alguna ahí fue que comenzó todo en serio.
Comparando el pasado con mi presente religioso, supe que había perdido un tiempo invaluable de aprendizaje genuino, me habían intoxicado con un seudo conocimiento, el cual venia de aquellos con un sesgo de confirmación el cual es dañino y lo peor es que sigue pasando actualmente por las nuevas generaciones, que cada vez lo notan menos debido a su dogmatismo, ignorancia en el tema, carente de información y falta de razonamiento lógico. En ellos esto generan una devoción y un respeto equivoco, no ven que están desplazando a Ifá por falacias verbales de quienes poseen un sesgo cognitivo grave, los cuales se niegan abrir la puerta a la verdad por seguir a sus casas religiosas. No es una falta de respeto cambiar el rumbo cuando por donde vas notas que no están bien las cosas, esto es ser inteligentes.
En mi cambio aprendí que Ifá es muy grande, te hace notar cada día lo pequeño que eres cuando aprendes y descubres las profundidades que esconde y no hablo de aprenderte un verso, cuando entiendes a Ifá desde tu propio ser, como parte inmanente de ti mismo, donde la inspiración es tu fuente de conocimiento; cuando prácticas y todo fluye inexplicablemente sin error y al tiempo rectificas en tus lecturas escritas por eruditos genuinos o con tu mentor o padrino, que eso que hiciste o tienes como concepto que nadie te enseño, estaba probado paso a paso por Aboniregun, entonces es aquí dende empiezas a entender que estas en otro nivel, que te estas convirtiendo en un Babaláwo real, que Ifá está tocando tu puerta, tu Ori, entrando sin detenerse apostando por ti para que lo representes, mientras no te suceda esto, no eres un elegido, no te llames Babaláwo, simplemente eres un Awo, es lo que eres! ¡Y como dato, no toma menos de 25 años este proceso!
Cuando vivo estos cambios, veo todo lo que me ha dado Ifá, cuanto he podido superarme absolutamente en todo, es inmenso lo que aprecio cuanto gané y que tampoco perdí en mis inicios donde no encontraba sentido a las cosas que veia, porque gané experiencia y esto es fuente de aprendizaje. Hay que conocer el color blanco para diferenciarlo del negro y entender los tonos grises, pero no confundirlos. Se necesita cierto conocimiento para poder aprender!
Ifá está aquí, en el tradicionalismo, como lo clasifican algunos en la diáspora, es simple, no necesitas ir más allá de lo que te rodea, vive de su mano, mira lo que te muestra, consejo: no irrespetes el mundo circundante, el todo ni la naturaleza y mucho menos a los ancestros, no profanes tumbas, féretros para crear iconos inexistentes, aprende a llevar a Ifá con dignidad, con orgullo, sabiduría y respeto y, ¡veras que todo se abre, veras la luz!
Awo Ifájàre